Qué es un fondo de inversión y cómo funciona por dentro
Un fondo de inversión reúne el dinero de muchos partícipes en un patrimonio común que gestiona una entidad especializada. Entender qué se compra realmente y cuándo se fija su precio evita sorpresas frecuentes entre quienes se inician.
Un fondo de inversión es un patrimonio colectivo formado con el dinero de muchos inversores, que una sociedad gestora invierte en acciones, bonos u otros activos siguiendo una política definida de antemano. Quien aporta dinero no compra acciones directamente ni elige cada operación: adquiere una parte proporcional de ese patrimonio conjunto, gestionado por profesionales y sujeto a supervisión.
La pieza central de este mecanismo es la participación, que es la unidad en la que se divide el patrimonio del fondo, de forma equivalente a como una acción divide el capital de una empresa. Cuantas más participaciones tiene un inversor, mayor es su porción del fondo. El número total de participaciones cambia cada vez que alguien suscribe (entra) o reembolsa (sale), porque el fondo emite o cancela participaciones según el dinero que entra o sale.
El precio de cada participación se llama valor liquidativo y se calcula dividiendo el patrimonio total del fondo, con sus activos valorados a precio de mercado, entre el número de participaciones en circulación. Este cálculo se hace normalmente una vez al día, tras el cierre de los mercados en los que invierte el fondo. Por eso una suscripción o un reembolso no se ejecutan a un precio visible en pantalla en el momento de dar la orden, como ocurre con una acción cotizada: se ejecutan al valor liquidativo que resulte del cierre de ese día o, según el fondo, del día siguiente.
Detrás de un fondo actúan dos figuras distintas y separadas por ley. La gestora es la entidad que decide en qué invertir el patrimonio, dentro de la política del fondo. El depositario es una entidad diferente, normalmente un banco, que custodia los activos y vigila que la gestora cumpla las reglas del fondo. Esta separación busca que quien decide las inversiones no sea también quien guarda el dinero, y es uno de los elementos que la CNMV supervisa en su labor de protección al inversor.
- 1 Orden de suscripción El inversor decide destinar una cantidad de dinero al fondo.
- 2 Cálculo del valor liquidativo La gestora divide el patrimonio del fondo entre el número de participaciones existentes al cierre.
- 3 Asignación de participaciones El dinero aportado se convierte en participaciones al valor liquidativo de ese día.
- 4 Comisión de gestión La gestora descuenta su comisión anual del patrimonio del fondo, no de la aportación inicial.
El inversor no compra a un precio de pantalla: recibe participaciones al valor liquidativo del día que corresponda.
Un ejemplo numérico ayuda a fijar el mecanismo. Un inversor decide suscribir 5.000 euros en un fondo cuyo valor liquidativo del día es de 12,50 euros por participación. Dividiendo 5.000 entre 12,50 se obtienen 400 participaciones. Si el fondo aplica una comisión de gestión del 1% anual sobre el patrimonio, esa comisión se descuenta progresivamente del valor del fondo a lo largo del año, no de golpe de la aportación inicial. Sobre 5.000 euros, un 1% equivale a 50 euros, de modo que, en términos simplificados y sin contar la evolución del mercado, el efecto acumulado de esa comisión a lo largo de un año dejaría un valor de 4.950 euros. Esta cifra no representa una pérdida garantizada ni una previsión: es solo el coste que resta la comisión de gestión, con independencia de que los activos del fondo suban o bajen de valor.
Existen distintos tipos de comisiones. La comisión de gestión retribuye a la gestora por administrar el fondo y se aplica sobre el patrimonio, no sobre cada aportación. Algunos fondos añaden una comisión de depósito para el depositario, y otros incluyen comisiones de suscripción o reembolso que se cobran al entrar o salir. Todas estas comisiones reducen la rentabilidad final del partícipe, por lo que forman parte imprescindible de cualquier comparación entre fondos.
Una distinción relevante es la que separa la gestión activa de la gestión indexada. Un fondo de gestión activa cuenta con un equipo que selecciona valores intentando superar a un índice de referencia, lo que suele implicar comisiones más altas. Un fondo indexado, en cambio, replica la composición de un índice como el Ibex 35 o un índice internacional, con una gestión más mecánica y comisiones habitualmente menores. Ninguno de los dos enfoques garantiza un resultado: un fondo de gestión activa puede quedar por debajo de su índice de referencia, y un fondo indexado replica también las caídas del índice que sigue, sin ofrecer ninguna protección frente a ellas.
El traspaso entre fondos difiere el impuesto; la venta de un ETF genera una ganancia o pérdida que tributa en ese mismo ejercicio.
Un rasgo fiscal distingue a los fondos de inversión de otros vehículos similares, como los fondos cotizados o ETF. Según el artículo 94.1.a) de la Ley 35/2006 del IRPF, vigente desde el 1 de enero de 2022, el traspaso entre fondos de inversión, es decir, mover el dinero de un fondo a otro sin pasar por la cuenta corriente, no computa como ganancia ni pérdida patrimonial en el momento en que se realiza: el impuesto se difiere hasta que se produzca el reembolso definitivo. Los ETF quedan excluidos de este régimen desde esa misma fecha, con independencia de si cotizan en una bolsa española o extranjera: cada venta de un ETF es un hecho imponible que tributa en ese ejercicio, se reinvierta el dinero o no.
Conviene no confundir diferir el impuesto con librarse de él. Toda la ganancia acumulada durante los traspasos sucesivos aflora completa en el momento del reembolso final, y tributa entonces según las normas vigentes en ese ejercicio. Afirmar que traspasar entre fondos "no tributa nunca" es un error habitual y equivocado. La información oficial y actualizada sobre este régimen y sobre el funcionamiento de los fondos puede consultarse en la CNMV y en la Agencia Tributaria, cuyas cifras y normas conviene siempre verificar para el ejercicio fiscal correspondiente.