Qué es un bono y por qué su precio baja cuando suben los tipos
Un bono es un préstamo que un inversor hace a un emisor a cambio de un pago periódico y la devolución del capital al final. Su precio en el mercado secundario cambia con los tipos, aunque quien lo conserva hasta el vencimiento cobra lo pactado.
Un bono es un préstamo. Quien lo compra entrega una cantidad de dinero a un emisor, ya sea un Estado o una empresa, y ese emisor se compromete a pagar un interés periódico y a devolver el importe prestado en una fecha fijada de antemano. El precio de ese bono puede moverse en el mercado antes de esa fecha, pero eso solo afecta a quien decide vender antes de tiempo.
La cantidad que se presta al principio se llama nominal: es la cifra sobre la que se calculan los pagos y la que se devuelve al final. El interés periódico que paga el emisor se llama cupón y suele expresarse como un porcentaje del nominal. La fecha en la que el emisor devuelve el nominal es el vencimiento. Un bono con un nominal de 1.000 euros y un cupón del 3% paga 30 euros al año hasta que llega el vencimiento, momento en el que además se devuelven los 1.000 euros iniciales.
- 1 Emisión El inversor entrega el nominal al emisor, por ejemplo 1.000 euros.
- 2 Cupón anual El emisor paga el interés pactado cada año, por ejemplo 30 euros con un cupón del 3%.
- 3 Vencimiento El emisor devuelve el nominal completo, 1.000 euros.
El pago del cupón se repite cada año hasta el vencimiento, cuando se devuelve el nominal.
En España, el Tesoro Público emite deuda pública bajo distintos nombres según el plazo. Las letras del Tesoro son a corto plazo, los bonos del Estado tienen plazos intermedios y las obligaciones del Estado son emisiones a plazos más largos. La diferencia entre bonos y obligaciones no está en cómo funcionan, que es igual, sino en cuánto tiempo transcurre hasta que el emisor devuelve el capital.
Quien compra un bono en el momento de su emisión y lo conserva hasta el vencimiento sabe de antemano cuánto va a cobrar: los cupones pactados más el nominal al final. En ese caso, lo que ocurra con el precio del bono mientras tanto es irrelevante para su resultado. El precio solo importa para quien quiere vender el bono antes de esa fecha, porque entonces lo hace al precio que el mercado esté dispuesto a pagar, que puede ser distinto del que él pagó.
Ese precio se mueve por una razón concreta: la comparación con lo que ofrecen las emisiones nuevas. Cuando suben los tipos de interés de referencia, las nuevas emisiones de deuda salen al mercado con cupones más altos, porque el emisor tiene que pagar más para atraer compradores. Los bonos antiguos, que siguen pagando el cupón fijado cuando se emitieron, se quedan por detrás. Nadie va a pagar el precio íntegro por un bono que rinde menos que las alternativas disponibles, así que su precio en el mercado secundario —el mercado donde se compran y venden bonos ya emitidos, distinto de la subasta inicial— baja hasta que su rentabilidad, calculada sobre ese nuevo precio más bajo, se acerca a la de las emisiones nuevas.
Con el mismo nominal de 1.000 euros, el bono antiguo paga 10 euros menos al año que una emisión nueva al 4%.
Un ejemplo lo aclara. Un bono con un nominal de 1.000 euros y un cupón del 3% paga 30 euros al año. Si las condiciones cambian y las nuevas emisiones del mismo tipo de emisor pagan un cupón del 4%, es decir, 40 euros al año sobre el mismo nominal, el bono antiguo está rindiendo 10 euros menos cada año que uno nuevo. Un comprador en el mercado secundario no va a pagar 1.000 euros por algo que renta menos que la alternativa, así que el precio del bono antiguo baja para compensar esa diferencia. Cuánto baja exactamente depende de cuántos años quedan hasta el vencimiento y exige descontar los flujos futuros, un cálculo que va más allá de esta explicación, pero la dirección del movimiento es clara: sube el tipo de referencia, baja el precio del bono ya emitido.
El mecanismo funciona igual al revés. Si los tipos bajan y las nuevas emisiones pagan menos que el cupón del 3% del bono antiguo, ese bono se vuelve más atractivo que las alternativas nuevas y su precio en el mercado secundario sube. Quien compró el bono al principio y solo piensa venderlo al vencimiento no gana ni pierde nada por estos movimientos: sigue camino de cobrar sus 1.000 euros de nominal más los cupones pactados.
Un error frecuente es pensar que un bono no puede perder valor porque paga un interés fijo conocido de antemano. Esa certeza solo se aplica a quien lo mantiene hasta el final y solo si el emisor cumple con sus pagos: existe también el riesgo de crédito, la posibilidad de que el emisor no pague porque atraviesa dificultades financieras, algo distinto del riesgo de precio que se ha explicado aquí. Quien necesita vender un bono antes del vencimiento asume el precio que marque el mercado en ese momento, que puede ser inferior al que pagó. La CNMV y el Tesoro Público publican información detallada sobre las características de cada emisión y sobre los riesgos asociados a la inversión en renta fija.